ARTURO ALANIS

Solo pocas cosas me hacen recordar y sentir que es semana santa,procesiones por aquí y por allá, la atmósfera que mi barrio adquiere en esos días, y otras tantas que son ya un clásico de temporada, pero ahora yo ya miro diferente y con mi cámara en el brazo y andando por el barrio, es como decido reflejar esa diferencia.

Esta pequeña historia empieza con una rápido e inesperado ascenso a un cerro cerca de casa con un grupo de amigos, a mi paso y ascenso, el ocio de estos días se hace notar, gente ascendiendo en familia y otros ya en la cima, disfrutando de los días libres, la gran panorámica de esta ciudad en aparente calma o simplemente cumpliendo el compromiso que año con año se hacen de ascender a esa cima, son algunas cosas que miro en mi camino pero, para algunos otros representa ya una tradición,como para una singular familia que, durante 15 años han asciendo cada viernes santo hasta ahí, solo a tiznar sus caras con ceniza obtenida de una fogata, niños y adultos divirtiendose en familia, el motivo, según ellos..“ solo por el gusto de hacerlo”… en una forma, a mi parecer muy extraña, pero generacional, me alejo, mis amigos van conmigo, mientras que en otro punto un sujeto de forma extraña, parece asistir a encontrase con su fe o abandonarse de la misma. El descenso, toda una aventura, la única forma es deslizarse por una pendiente escarbada de tierra y grava, camino un tanto peligroso pero al final emocionante.

El barrio hoy lo miro y se mira une poco distinto, en casa algunos primos se refrescan y desperdician agua como seguramente media ciudad lo estaba haciendo, en las calles, la fe de los días justifica el ocio reinante, el día pasa y nada sucede, en una fugaz mirada un atardecer aun radiante me hace percibir que el día esta ya agonizante, mientras que afuera de la iglesias la gente se congrega para recibir la bendición correspondiente, las luces se apagan, los cirios se encienden, las misas se acaban, y la fiesta aun sigue , un sonido suena y celebra sin celebrar, sin gente para bailar toca ruidosamente, chicos llenos de espuma dejan el lugar donde una concurrida fiesta termina, al final de mi vuelta imagino que alguien ha decidido echar su fe de casa dejarla a su suerte en las calles. Así es como termina, acaba con imágenes que ya había visto y no siempre veo y al final, el mañana no será igual.

FOTOS Y TEXTO: ARTURO ALANIS

No hay comentarios:

Publicar un comentario