“Entréguenle a Dios su dolor y cansancio” escuché le decía una mujer adulta a los jóvenes que escoltaban las imágenes religiosas mientras yo caminaba y buscaba afanosamente con mi cámara imágenes que me ayudaran a comprender y proyectar lo que la Semana Santa representa en Taxco, Guerrero.
Varas de zarzamora espinadas sobre los hombros desnudos que sirven como prueba de penitencia; rezos, peticiones y diálogos con Cristo y la virgen; máscaras oscuras, manos llenas de cera de los cirios derretidos, niños vestidos de angelitos por doquier, espaldas ensangrentadas que son una y otra vez atormentadas por el cilicio después de cada rezo.
Un pueblo entero volcado a su fe, a su ritual de renovación, suplicio y penitencia; eso vieron mis ojos, eso intentó captar mi lente, eso vibró la comunidad que silenciosamente realizó procesiones por sus calles empedradas y sus iglesias antiguas una y otra vez.
No comparto esa manera de sufrir en búsqueda de un perdón divino, me atrevo a decirlo. Sin embargo, lo humano y lo social que alimenta una tradición así no puede ser ajeno a ningún ojo o pluma periodística, es nuestro deber, trabajo y pasión estar ahí, escribir para que otros puedan sentir e imaginar; fotografiar para que otros puedan mirar y observar y finalmente compartir y exponer para que otros puedan interpretar y reflexionar.
FOTOS Y TEXTO: QUETZALLI GONZALEZ
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario