Semana santa, esperada época de reflexión y vacaciones. Actualmente resulta un enigma cual sea la prioridad fundamental, aunque su naturaleza histórica sea bien conocida.
Sin embargo, es entonces cuando nuestra Ciudad se torna un poco más habitable, la disminución en el tráfico y la considerable reducción en el número de transeúntes por metro cuadrado permiten disfrutar el entretenimiento que habitualmente permanece sitiado tras caprichos gubernamentales, obras públicas permanentes, manifestaciones multitudinarias y embotellamientos de antología.
Gracias al fenómeno de la semana santa y al tiempo libre que nos obsequia, es posible visitar rincones por los que habitualmente pasamos de largo, caminar por plazas que nunca transitamos, visitar museos incrustados en edificios coloniales o simplemente deambular por la Ciudad en busca de nada en particular.
Así que lejos de las extenuantes festividades religiosas, podemos aprender a conocer nuestra Ciudad de una manera relajada, por medio de imágenes que capturan la diversidad de ideologías que nos distinguen y que dan vida a nuestro entorno.
Historias, miradas, música, energía, tradiciones y costumbres, fusionados en un recorrido que va desde el campanario de la Catedral y sus cúpulas, hasta el contacto directo con los transeúntes, músicos, danzantes y espectadores interactuando entre si, construyendo cada uno, a su manera, la semana santa.
FOTOS Y TEXTO: CARLOS DÍAZ
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